Esta ermita fué construida, según digimos, en el siglo XVI, y consagrada al insigne Santo á quien invocaron nuestros antepasados en días de tribulacion.
Levantado en las faldas del cerro de la Ereta, el edificio constaba de tres arcos de cantería en cada uno de sus lados: la techumbre era abovedada; y en una plataforma pavimentada de losetas de Manises se construyó el altar mayor, el cual tenia un retablo de madera con pinturas de algun mérito presentando interesantes pasajes de la vida de San Roque, cuya imágen de talla venerábase en un nicho formado en el centro.
En el exterior de la ermita, con la sencillez de su campanario, la modesta forma de su arquitectura y los parrales y pasionarias que hermoseaban sus alrededores, ofrecia un aspecto poético: sobre la puerta de entrada al Santo Titular, y al O. un pequeño jardin que producia rosas de Borneo, jazmines y otras flores.
Es tradicion en esta Ciudad que tres Sres. Obispos, afligidos en alta mar por un furioso temporal, hicieron voto de consagrar la primera iglesia de San Roque que encontrasen al saltar a tierra; y cuéntase que estos Prelados, al desembarcar en el puerto de Alicante, cumplieron su promesa en el Santuario de que hablamos, como así parecían indicarlo las cruces encarnadas que nosotros hemos visto puestas en los pilares del edificio.
Nuestros antepasados desplegaron siempre mucho interés en la conservacion de esta ermita de la cual cuidaban los canteros de Alicante, quienes en 1787 repararon la boveda y los arcos ya dichos contruyendo un muro para dar consistencia á los cimientos resentidos por las lluvias.
Desde la época en que se fabricó el Santuario hasta nuestros dias se ha celebrado en el mismo, el 16 de Agosto de cada año, una funcion religiosa en honor de San Roque. Esta fiesta consistía en una Misa, sermon y procesion general, con asistencia del Cabildo de la Colegiata, los dos Cleros parroquiales y el Ayuntamiento que costeaba las funciones en cumplimiento de votos que ofreció la Ciudad cuando en 1559 se vió afligida por la peste.
A la vez que se efectuaban los indicados actos, los Alicantinos solemnizaban el dia de su Compatrono con demostraciones de alegria: en la velada de San Roque subia el pueblo á visitar la ermita, cuyo exterior se iluminaba profusamente, adornándose por tres dias las calles inmediatas con banderas, grimpolas y arcos de follage: en determinados puntos de esa parte de la Ciudad se construian pintorescas grutas, se formaban bonitas fuentes artificiales y hasta se figuraba el calabozo donde murió en Montpeller el ínclito varon motivo de aquel popular festejo; y los vecinos pasaban las noches en alegres bailes y entonando expresivos cantares el son de bandolas, guitarras y bandurrias, mientras en el terrado del Santurario sonaba una dulzaina invitando al vecindario á la bulliciosa fiesta.
En el año 1867, amenazando ruina la boveda de dicho eidficio, el Ayuntamiento proyectó su reparacion; pero como se llevó á efecto en 1869 se dispuso que se domoliera, quedando solo los seis arcos de cantería fabricados en el siglo XVI.
En 1875, cediendo la Corporacion Municipal á sus piadosos sentimientos y al natural deseo de gran número de personas que solicitaron la reedificacion de aquella ermita, arca santa de las plegarias de seis generaciones en dias de infortunio, acordó su inmediata reconstruccion, nombrando una Juan de vecinos que se encargó de procurar recursos para llevar á efecto la obre y cuidad de su buena administracion.
La citada Junta quedó constituida en esta forma: Presidente D. Julian de Ugarte, propietario. Vice-presidente D. Florentino de Zarandona, Canónigo de la Colegiata de San Nicolás. Vocales D. Manuel de Elizaicin y Bertran de Lis, D. José Aguilera de Aguilera, D.Pascual Pardo y Gimeno y D. Tomás Gil. Depositario D. José Joaquin de Sandoval, Baron de Petres; cabiéndole el honor de ejercer el cargo de Vocal-secretario al autor de esta Crónica.
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Las obras del nuevo Santurario se inauguraron en la tarde del dia 25 de Julio de 1875, asistiendo al acto, que fué brillante y somne, una Comision del Excmo. Ayuntamiento precedida de maceros con traje de ceremonia y compuesta de D. Julian de Ugarte, Presidente; D. José Brotons y Bellido, Teniente Alcalde; D. Pedro Encina, Síndico del Municipio, y de los Concejales D. José Soler y Sanchez, D. José Gadea y Gimenez, D. Juan Rodriguez Hernandez y D. Antonio Campos y Rodrigo.
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La autoridad de la Ciudad y los dirigentes de la Cofradía de San Nicolás, encomendaron al P. Provincial de los Trinitarios, Fray Jerónimo García (que se embarcó en este puerto, camino de Roma) que realizase gestiones ante la Santa Sede en demanda de reliquias de San Nicolás y San Roque. Llegado a la Ciudad Eterna, obtuvo del Papa Pío IV autorización para las mencionadas Reliquias, según acta notarial del Escribano Apostólico Juan Pérez, siendo trasladadas por el mismo Provincial a la Ciudad de Valencia.
Una delegación eclesiástica de Alicante, se hizo presente en la ciudad del Turia y el 22 de agosto recibió tan preciado tesoro, según testimonio del Escribano Juan Garcés, trasladándolas a Orihuela para que el Prelado las reconociera y autentificara. Así se hizo, en acta que extendió Pedro Conesa, Escribano de la Curia.
Llegados a esta ciudad, fueron entregadas al Arcipreste, Mosén Melchor Pascual, quien procesionalmente, con asistencia de los Cleros de San Nicolás y Santa María y miembros del Concejo Municipal, las llevó al Altar Mayor de la Iglesia de San Nicolás en donde quedaron depositadas, extendiendo también la oportuna acta del escribano del Municipio, Nicolás Martí. La solemne traslación tuvo lugar el 25 de septiembre de 1569. La Reliquia de Sn Nicolás es un fragmento de la canilla de su brazo.
Para su custodia y veneración se forjaron dos magníficas estatuas de metal y plata dorados, de San Nicolás y San Roque, con las reliquias incrustadas, que providencialmente aún se conservan, y cuyas copias exactas podemos admirar en el Altar Mayor de la Concatedral.
Las primitivas estatuas del siglo XVI son del afamado orfebre Miguel de Vera, natural de la ciudad de Orihuela, cuya obra ingente, llenó el patrimonio artístico del Obispado de innumerables obras de orfebrería... A su punzón se deben obras entre otras, el San Martín de bronce de la Parroquia de Callosa de Segura, la Cruz de los Beneficiados y los bustos de Sta. Severa y Florinda de la Catedral de Orihuela, cruz procesional y Lignum Crucis de la Iglesia de Santiago de la misma ciudad, marco-ostentorio de la imagen de la Virgen de Loreto de Muchamiel, etc....
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Una gran imagen de piedra presidía la placeta de la ermita de San Roque hasta que una familia para librarla de la incuria callejera la puso en su patio; la esculpió el artista Juan Bautista Borja, siglo XVIII; la familia que cuidaba la imagen, puesta de acuerdo con don Federico Sala, consiguió que esta imagen fuera albergada en el claustro de la concatedral de San Nicolás en donde se la admira y se da culto a tan famoso santo. Tenemos constancia segura de gracias recibidas de San Roque y prueba de ello es que un señor en agradecimiento a San Roque ha costeado la escultura de un perro de buen tamaño que ahora se puede admirar a los pies de la imagen.
Todo esto indica que Alicante tiene desde antiguo gran devoción a San Roque en virtud del agradecimiento que se le debe y por eso es patrón de Alicante juntamente con San Nicolás y San Blas.






