viernes, 4 de septiembre de 2015

San Roque en Alicante

de la memoria 2003-2004 por Arturo Tresancoras.

Al salir de la calle de Toledo y antes de entrar en el Barrio de Santa Cruz, a la derecha, nos encontraremos en la parte más alta, un apretado caserío, entre cuyos tejados emerge como atento vigía, una esbelta torre, que mira al mar, como esperando la aparición de algún terrible bergantín berberisco, de los que tiempos pasados asolaban nuestras costas. Se trata del campanario de la Ermita de San Roque, bastión donde se refugió la fe de los alicantinos, cuando en el año 1559, la ciudad se vio azotada por una terrible epidemia, que diezmó considerablemente la población. Tan desesperada era la situación, que el pueblo encabezado por el Ayuntamiento, imploró el amparo del Santo de Montpellier, bajo cuya protección, el tremendo azote remitió, hasta su total desaparición. En acción de gracias, los alicantinos levantaron al pie de un pequeño cerro existente a la falda del Benacantil, llamado "de la Ereta", una pequeña ermita que pusieron bajo la advocación el "San del Goset", en cuyo honor llegado el mes de Agosto se celebran grandes fiestas. Pasaron algunos años, hasta que en el 1875, se acomete su restauración a ruegos de los vecinos del barrio, obras que patrocina el Ayuntamiento, terminándose en 1880. Es justo reseñar que alma de toda esta labor fue D. Rafael Viravens Pastor, a la sazón cronista de la ciudad. En el año 1887, ocupan el remitorio las religiosas Siervas de Jesús, habilitando una casa continua que dedican al cuidado de los enfermos, a la vez que acuden a los domicilios de aquellos que las solicitan. Estas monjas en el año 1940 se trasladan a un nuevo edificio situado en la Avda. de Gral. Marvá, lugar que abandonan hace escasos años para establecerse definitivamente en la zona de Campoamor, calle de Primitivo Pérez. No debemos finalizar esta breve crónica de la Ermita de San Roque, sin hacer referencia a la imagen del Cristo llamado popularmente, "El Gitano", que desfila la noche del Miércoles Santo, obra del escultor valenciano Salvador, y que recibe un enfervorizado culto durante todo el año, desde el año 1966, fecha en que fue entronizado. Dejamos este minúsculo pero muy alicantino barrio de San Roque, bajando por la calle Navíos, nombre que recibió por estar habitada principalmente por gentes de la mar, marineros y pescadores , en su mayoría.

1 comentario:

MªDolores dijo...

¡enhorabuena!has hecho un trabajo impecable.